sábado, 7 de junio de 2014

Era un experto en las palabras, escritor dedicado, atento, no había tenido una sola falta de ortografía en toda su vida desde que aprendió a escribir a la edad de 5 años. No había estudiado, lo suyo era algo innato. Sus padres eran analfabetos, maravillosos artistas: El padre tocaba el piano de una manera extraordinaria, también sin estudiar ni leer ni una sola partitura y aparte de crear tenía un oído prodigioso del cual sacó todos los conciertos que había aprendido a realizar. Su madre, un ente bellísimo, pintaba de una forma sublime, con la gracia con la que hacía absolutamente todo, por lo cual era conocida.
El hombre del que estoy hablando, al que por esta única vez lo vamos a llamar "gris", era un genio de la escritura; conociendo cada una de las palabras y usándolas de una forma mágica. La noche que decidió dormir un poco antes de terminar lo que describía como "La novela de su vida" sus manos temblaban. le costó concebir el sueño y hubiera querido no conseguirlo, puesto que al hacerlo se encontró con la peor de las pesadillas: era él, él en una habitación, el en la oscuridad casi total, con su computadora dispuesto a escribir; pero al comenzar notó que estaba teniendo errores, errores ortográficos, lo cual lo desconcertó, pero igual siguió.Confundió palabras, realizó mal las conjugaciones, hasta que las cosas ya no tenían sentido alguno, su mente, su corazón no pudieron soportarlo y terminó por morir, allí, con su último error. Se despertó aterrorizado, agitado, con lagrimas en los ojos, su espalda y su frente empapadas y sus manos duras como piedras.Estaba demasiado alterado como para volver a dormir. Serían las 04:50 am cuando se bañó, tomó un té y se sentó frente a su computadora; ahora estaba calmado y quiso continuar con su novela, pero su cerebro aún estaba confundido... de repente algunos erores de tipeo, nada serio, pero no sntella que las parábolas fueron correcta. Y tabata miedo y feria. Comensal a indisponerse, empipando los citas con sudorf y larmigas pero ni priendo parar de estribor. El minga hida sufragio. Cuento si dai cuanto ya niti tambor sentido ¡¡¡Hrt bLipR KQq!!!!!!! ?mE kGnitlo! trog fAld hilo morir{



Clara.González.Casella

martes, 3 de junio de 2014

Desencuentro del Obelisco

Quería hacer un viaje, un viaje al Obelisco, estaba seguro de que llegaría rápido, puesto que con el fin de semana largo de 6 años, la ciudad de Buenos Aires estaría casi vacía. Me tomé el subte, también detenido en el tiempo, sin gente.En una parada leí "Convención estelar". Sin pensarlo demasiado me bajé. "Hola, soy Juan Carlos, tu compañero cósmico" me dijo un tipo que me esperaba en las escaleras, era gordo, tenía rulos fucsias que combinaban con su tu-tú y bigote (mal decolorado).  "Para empezar voy a buscar tu equipaje" me dijo, estuve a punto de decirle que no tenía pero él se apresuró a recogerlo. Abrió un fuerte de almohadas en el que había una jaula y en ella un espectro flacucho, más bien escuálido, con su labio superior muy delgado y el inferior carnoso cual morcilla vasca, pero de un color pálido cuasi amarillento. Yo me limité a observar con extrañeza, sin hacer preguntas.
Cuando por fin llegamos a la convención Juan Carlos me dijo "Desde acá vos solito, alimentalo cada 6 u 8 horas (refiriéndose al pasajero de la jaula), por allí hay una boletería. Tomá, con esto te va a alcanzar" Hizo gesto de que me iba a dar algo, con confianza extendí la mano y de alguna manera no me sorprendió que me diera una pasta crocante. "Suerte pibe, no la pierdas" Se fue.
Con mi jaula me acerqué a la boletería y para mi sorpresa era ella, la profesora de geografía con quien me la lleve en la secundaria. ¿Se acordaría de mí?

 -María Amanda- le dije con tono superado.
 -La misma, y usted señor... disculpe, no le reconozco- respondió con tono de incomodidad. Estaba a punto de decirle, cuando caí en cuenta de que yo tampoco sabía quién era, entonces fui corriendo hasta un espejo: me toqué la cara, hice gestos raros y serios también, me mostré los dientes; no hubo caso, no pude reconocerme, tampoco recordar mi nombre ni el motivo de mi visita. Al principio quise llorar, pero las lágrimas no salían, así que me recompuse y decidí inventar un hombre: yo sería quien quisiera, cuando quisiera, para quien quisiera. Volví calmado.
-Soy...-aclarando mi voz- en verdad no puedo decirlo, resulta que estoy de encubierto en una misión ultra secreta- (dije con tono mega convencido). 
-Oh... bueno, en ese caso deje su equipaje y sea bienvenido- respondió aún sin creerme del todo. 
-Muchas gracias- avancé, y con un gesto amable me despedí.
Había muchos puestos que podían interesarle a uno: En un costado había dos siamesas japonesas unidas por el brazo derecho de una y el izquierdo de la otra, estaban desnudas y bañadas en purpurina. Atadas con cadenitas apretadas, tan apretadas que parecían tatuajes, dejando a la vista su hombros, sus tobillos y un poco de sus senos, aparte de sus delicadísimos rostros. Era tan hermoso y horrible a la vez. Se ve que no conocían el idioma, pues balbuceaban unas pocas palabras y sonidos sin sentido. Arriba de ellas, un cartel que decía: "Japonesitas a 10 centavos" traté de acercarme con la pasta que me dio Juan Carlos (me refiero a la crocante) pero ellas me rechazaron escupiéndome y vociferando en japonés, agradecí no entender.
En otra esquina había un niño medio mono que se trepaba a las paredes con su cola (la única parte de primate a la vista) y que cantaba con una tonadita pegadiza "Patatas de Gokūson las que quieres tú" y no se qué otra cosa. Seguí caminando y me topé con un viejo que gritaba algo que despertó mi curiosidad "¡Ármese usted mismo! ¡Entre al cráter y ármese usted mismo!" Le pregunté cómo iba la cosa y lo que entendí a medias fue: Él desarma tu cuerpo y mete tu alma en un cráter donde yacen tus partes escondidas,si para el momento del eclipse no encontraste todas, te quedás así para siempre y él con tu alma. Si logras armarte completamente, conservás tu alma y liberás 6 más. El viejo lo llamaba " El rompecabezas humano", accedí a jugar, puesto que no tenía nada que temer (hace rato había empezado a sospechar que era un sueño).
Al principio fue fácil, pero a medida que el tiempo pasaba, las partes estaban mejor escondidas, empecé a asustarme cuando el eclipse comenzó y aún no encontraba mis orejas. Las busqué sin cesar, maldiciendo y lamentándome. Pero cuando quise darme cuenta estaba encerrado en un reloj lleno de cuerpos destruidos, con costras blancas grisáceas; entes a medio armar llorando, sangrando, gritando con sus gargantas rajadas y sus ojos derretidos. Y el segundero comenzó a violentarme y a golpear mi mente, a delirarme cada segundo, de cada minuto, de cada día, por toda la eternidad. 

Clara.González.Casella

miércoles, 19 de marzo de 2014

Víctima Improvisada

De todas las personas en las que podría haberme fijado, de todos los lugares en los que podría haberme detenido, de todas las horas que podría haber elegido para salir de mi casa, me fijé en ella, me detuve en el parque, elegí salir 20 minutos antes de lo acostumbrado.
Cuando la vi muchas cosas vinieron a mi mente, la curiosidad, fantasías, la fascinación y el odio infinito, debía ser ella y solo ella la persona para llevar a cabo mi plan.  La gran pregunta era cómo; cómo acercarme, cómo lograr mi propósito, cómo dejar de ser invisible.
No soy muy bueno en eso de tomar cosas al azar, me gusta premeditarlo, estudiarlo, medirlo, que todo sea perfecto. Pero éste día no había sido un día cualquiera, me había levantado más temprano, no me había afeitado, y mi pez estaba muerto. Abrí la alacena y no había más café; entonces lo supe, lo entendí, lo acepté, me vestí y salí 20 minutos antes para ir al trabajo, pero en lugar de eso, casi sin pensarlo, frené en el parque. No creo que sea causa del destino ni algo planeado por nadie, simplemente pasó, tal como pasa todo a nuestro alrededor. Entonces olvidé planear, estudiar, pensar de más, simplemente me dejé llevar y que la suerte me guiara.
Ella no era como todas, era más limpia, era más pura, más fina, más bella.  Su ausencia, claramente, sería notada por muchos. Me tomé un segundo para volver a pensarlo, lo cual iba en contra de mi nueva filosofía, ya no podría ser un trabajo perfecto, sería muy desprolijo, muy vulgar.
Estuve a punto de volver a mi casa cuando la vi sacar un cuaderno y ponerse a dibujar, era sensible, pero más allá de eso seguía siendo complicado, cada persona que pasaba a su lado parecía notarla e interesarse en ella, yo no era el único, yo no era nadie, a mí nadie me veía, me traspasaban con sus miradas, con sus cuerpos; éste pensamiento alimentó mi odio y creo que fue gracias a eso que decidí hacerlo.
Me acerqué muy sutilmente, hasta que logre estar a un metro o un poco menos, ella tampoco me notó. Con algo de esfuerzo pude ver que estaba haciendo un dibujo del parque, de las personas en él, los animales.
Pasaron horas y ella solo levantaba la vista para ver a su alrededor y plasmarlo en el cuaderno, cuando miraba en dirección hacia mi persona yo me convertía en un fino cristal cuasi transparente por el que ella veía la belleza del lugar. En esos momentos quería dejar todo y hacerlo de una vez pero respirando profundamente me convencía a mí mismo de esperar.
Estuve mucho tiempo observándola, y a cada rato veía cosas nuevas en ella que me gustaban más que las anteriores, su piel parecía de porcelana, con unos labios muy delicados, pálidos, frágiles. Ojos grandes, manos finas y un cabello del color del fuego que me dejaba sin aliento, tenía la figura más perfecta que había visto jamás, parecía hecha por las manos de algún dios. Sus movimientos, sus gestos, hasta como cambiaba la posición de sus piernas era arte.
Cuando se hizo de noche y no había nadie cerca decidió comenzar a guardar sus cosas, ahí fue cuando me senté a su lado.
-Hermosa noche- dije
 -Desearía estar lejos de la ciudad y así poder ver las estrellas en todo su esplendor- respondió, fríamente.
-Que bella cosa para decirla de una manera tan cruda.
Se quedó en silencio unos minutos y luego agregó
–Así un poco como la vida: bella pero cruda.
-Además de linda, poeta- Dije con tono juguetón
-Para nada- Lanzó una pequeña risa, casi imperceptible,  con cierto tono de desprecio, tomó sus cosas y empezó a alejarse.
-¿Puedo acompañarte? Voy para el mismo lado- Le dije con tono un poco desesperado
-Verdaderamente no disfruto mucho la compañía- Respondió cortante
-Que gracioso, yo tampoco- Dije riendo, pero a ella no le dio ni la más mínima gracia, de hecho no me miró, solo se apresuró y se fue sin decir nada.
Entonces el juego había empezado, comencé a seguirla ocultándome tras los autos, los árboles, las pocas personas que pasaban, ella pensó que había logrado perderme entre las sombras, pero estaba equivocada. Cuando vi que no había nadie cerca, aceleré el paso y me le abalancé, ella gritó, y la golpeé hasta dejarla inconsciente.
Cuando abrió los ojos, estaba en mi casa atada y en ropa interior, no me malinterpreten, tuve que desvestirla para asegurarme de que no tuviera nada que me pusiera a mi o a mi plan en peligro. Le ofrecí té y ella se largó a llorar, entonces le dije
–No estés triste, tenés que estar feliz, ¿sabes por qué estas acá?- ella solo lloraba y miraba para abajo. Levantándole lentamente la cara le susurré
– Estas acá porque sos la elegida,  la persona que se destacó entre la gente demostrando su superioridad, su belleza, su perfección, vos no sos de este mudo, pero el problema es, que nos haces sentir mal a los que nos levantamos únicamente por la rutina. Los opacados, los solitarios, los que esconden su sufrimiento bajo una sonrisa exagerada, los que nadie ama, nadie recuerda y nadie llora. Vos y yo somos muestra de esta injusticia, de esta desigualdad que separa a los seres. Y yo soy tu salvador.- Ella solo gritaba y lloraba balbuceando cosas sin sentido.
–Crees que tenés motivos para llorar y eso me lastima mucho, sos muy injusta ¿sabés?, me fastidia, me da asco, me enloquece, me enamora, me enferma  la gente como vos. Y vos vivís gracias a mí, tu grandeza existe gracias a gente como yo. Me cansé de ser el cordero, yo nací para ser lobo.- Diciendo esto le corté la garganta y la observé desangrarse, qué horror, seguía siendo tan hermosa como antes, quizás hasta más, sus labios pálidos se tornaron a un carmín enfurecido. Solo me quedé a su lado, admirando semejante espectáculo. Mi obra de arte.
Pasaron unas horas y decidí hacer algo con su cuerpo, traté de moverla pero sus ojos me miraban amenazantes. Así fue que los arranqué. Y acto seguido fue que le arranqué toda su hermosa cabellera. Y le corté sus perfectas piernas, sus delicados brazos. Terminé por hacer trizas todo su cuerpo, tanto que era irreconocible, casi podría pensarse que eso que estaba ahí no era un ser humano y nunca lo fue.  Junté fuerzas para meter todos los restos en una bolsa y la tiré en un contenedor a varias cuadras de mi casa.
Cuando volví, noté que su ropa y su bolso seguían ahí. Entonces lo abrí, saqué el cuaderno (que estaba abierto en la última página, donde dibujó el parque) me puse a admirar la obra cuando noté que yo estaba ahí. Ella me había dibujado, con mi saco y una mirada más triste de la que recordaba haber hecho. Entonces ella si me notó. Ella me había visto, le interesé. No sé bien qué pensé en el momento pero no pude dejar de llorar estaba por cerrar el cuaderno cuando mis torpes dedos me llevaron a la página anterior y para mi sorpresa estaba otra vez yo, observándola desde más lejos, en el lugar donde estaba antes, eso me dio unos cuantos escalofríos sentí algo muy difícil de explicar, estaba dibujado de tal manera que yo era… era hermoso. Ella vio belleza en mí, lo sé por lo que trasmitía cada trazo, con tanta fuerza, tan… real.

Creo que jamás nadie me vio de esa forma y sentí cierto calor y electricidad corriendo por mi cuerpo, dándome un placer y un dolor infinito. Giré la hoja y me encontré otra vez, otro día, caminando; Dibujado con la misma pasión, y me vi en ese cuaderno una y otra vez, cada espacio ocupado con mi ser, mi soledad. Y encontré sensaciones que jamás había tenido. Y me di cuenta de que era alguien, al menos para ella. De hecho era más alguien para ella que para mí. Y esto me puso tan feliz y me produjo tanto odio y comencé a preguntarme por qué, por qué lo hice, por qué así, por qué ese día, por qué a ella.  Estuvo todo el tiempo, sus dibujos relataban meses de mi vida, mi aburrida y rutinaria vida sin sentido. Ella contó la historia del hombre invisible y yo le dije que se callara. Y automáticamente volví a ser nadie.

Clara.González.Casella

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