miércoles, 19 de marzo de 2014

Víctima Improvisada

De todas las personas en las que podría haberme fijado, de todos los lugares en los que podría haberme detenido, de todas las horas que podría haber elegido para salir de mi casa, me fijé en ella, me detuve en el parque, elegí salir 20 minutos antes de lo acostumbrado.
Cuando la vi muchas cosas vinieron a mi mente, la curiosidad, fantasías, la fascinación y el odio infinito, debía ser ella y solo ella la persona para llevar a cabo mi plan.  La gran pregunta era cómo; cómo acercarme, cómo lograr mi propósito, cómo dejar de ser invisible.
No soy muy bueno en eso de tomar cosas al azar, me gusta premeditarlo, estudiarlo, medirlo, que todo sea perfecto. Pero éste día no había sido un día cualquiera, me había levantado más temprano, no me había afeitado, y mi pez estaba muerto. Abrí la alacena y no había más café; entonces lo supe, lo entendí, lo acepté, me vestí y salí 20 minutos antes para ir al trabajo, pero en lugar de eso, casi sin pensarlo, frené en el parque. No creo que sea causa del destino ni algo planeado por nadie, simplemente pasó, tal como pasa todo a nuestro alrededor. Entonces olvidé planear, estudiar, pensar de más, simplemente me dejé llevar y que la suerte me guiara.
Ella no era como todas, era más limpia, era más pura, más fina, más bella.  Su ausencia, claramente, sería notada por muchos. Me tomé un segundo para volver a pensarlo, lo cual iba en contra de mi nueva filosofía, ya no podría ser un trabajo perfecto, sería muy desprolijo, muy vulgar.
Estuve a punto de volver a mi casa cuando la vi sacar un cuaderno y ponerse a dibujar, era sensible, pero más allá de eso seguía siendo complicado, cada persona que pasaba a su lado parecía notarla e interesarse en ella, yo no era el único, yo no era nadie, a mí nadie me veía, me traspasaban con sus miradas, con sus cuerpos; éste pensamiento alimentó mi odio y creo que fue gracias a eso que decidí hacerlo.
Me acerqué muy sutilmente, hasta que logre estar a un metro o un poco menos, ella tampoco me notó. Con algo de esfuerzo pude ver que estaba haciendo un dibujo del parque, de las personas en él, los animales.
Pasaron horas y ella solo levantaba la vista para ver a su alrededor y plasmarlo en el cuaderno, cuando miraba en dirección hacia mi persona yo me convertía en un fino cristal cuasi transparente por el que ella veía la belleza del lugar. En esos momentos quería dejar todo y hacerlo de una vez pero respirando profundamente me convencía a mí mismo de esperar.
Estuve mucho tiempo observándola, y a cada rato veía cosas nuevas en ella que me gustaban más que las anteriores, su piel parecía de porcelana, con unos labios muy delicados, pálidos, frágiles. Ojos grandes, manos finas y un cabello del color del fuego que me dejaba sin aliento, tenía la figura más perfecta que había visto jamás, parecía hecha por las manos de algún dios. Sus movimientos, sus gestos, hasta como cambiaba la posición de sus piernas era arte.
Cuando se hizo de noche y no había nadie cerca decidió comenzar a guardar sus cosas, ahí fue cuando me senté a su lado.
-Hermosa noche- dije
 -Desearía estar lejos de la ciudad y así poder ver las estrellas en todo su esplendor- respondió, fríamente.
-Que bella cosa para decirla de una manera tan cruda.
Se quedó en silencio unos minutos y luego agregó
–Así un poco como la vida: bella pero cruda.
-Además de linda, poeta- Dije con tono juguetón
-Para nada- Lanzó una pequeña risa, casi imperceptible,  con cierto tono de desprecio, tomó sus cosas y empezó a alejarse.
-¿Puedo acompañarte? Voy para el mismo lado- Le dije con tono un poco desesperado
-Verdaderamente no disfruto mucho la compañía- Respondió cortante
-Que gracioso, yo tampoco- Dije riendo, pero a ella no le dio ni la más mínima gracia, de hecho no me miró, solo se apresuró y se fue sin decir nada.
Entonces el juego había empezado, comencé a seguirla ocultándome tras los autos, los árboles, las pocas personas que pasaban, ella pensó que había logrado perderme entre las sombras, pero estaba equivocada. Cuando vi que no había nadie cerca, aceleré el paso y me le abalancé, ella gritó, y la golpeé hasta dejarla inconsciente.
Cuando abrió los ojos, estaba en mi casa atada y en ropa interior, no me malinterpreten, tuve que desvestirla para asegurarme de que no tuviera nada que me pusiera a mi o a mi plan en peligro. Le ofrecí té y ella se largó a llorar, entonces le dije
–No estés triste, tenés que estar feliz, ¿sabes por qué estas acá?- ella solo lloraba y miraba para abajo. Levantándole lentamente la cara le susurré
– Estas acá porque sos la elegida,  la persona que se destacó entre la gente demostrando su superioridad, su belleza, su perfección, vos no sos de este mudo, pero el problema es, que nos haces sentir mal a los que nos levantamos únicamente por la rutina. Los opacados, los solitarios, los que esconden su sufrimiento bajo una sonrisa exagerada, los que nadie ama, nadie recuerda y nadie llora. Vos y yo somos muestra de esta injusticia, de esta desigualdad que separa a los seres. Y yo soy tu salvador.- Ella solo gritaba y lloraba balbuceando cosas sin sentido.
–Crees que tenés motivos para llorar y eso me lastima mucho, sos muy injusta ¿sabés?, me fastidia, me da asco, me enloquece, me enamora, me enferma  la gente como vos. Y vos vivís gracias a mí, tu grandeza existe gracias a gente como yo. Me cansé de ser el cordero, yo nací para ser lobo.- Diciendo esto le corté la garganta y la observé desangrarse, qué horror, seguía siendo tan hermosa como antes, quizás hasta más, sus labios pálidos se tornaron a un carmín enfurecido. Solo me quedé a su lado, admirando semejante espectáculo. Mi obra de arte.
Pasaron unas horas y decidí hacer algo con su cuerpo, traté de moverla pero sus ojos me miraban amenazantes. Así fue que los arranqué. Y acto seguido fue que le arranqué toda su hermosa cabellera. Y le corté sus perfectas piernas, sus delicados brazos. Terminé por hacer trizas todo su cuerpo, tanto que era irreconocible, casi podría pensarse que eso que estaba ahí no era un ser humano y nunca lo fue.  Junté fuerzas para meter todos los restos en una bolsa y la tiré en un contenedor a varias cuadras de mi casa.
Cuando volví, noté que su ropa y su bolso seguían ahí. Entonces lo abrí, saqué el cuaderno (que estaba abierto en la última página, donde dibujó el parque) me puse a admirar la obra cuando noté que yo estaba ahí. Ella me había dibujado, con mi saco y una mirada más triste de la que recordaba haber hecho. Entonces ella si me notó. Ella me había visto, le interesé. No sé bien qué pensé en el momento pero no pude dejar de llorar estaba por cerrar el cuaderno cuando mis torpes dedos me llevaron a la página anterior y para mi sorpresa estaba otra vez yo, observándola desde más lejos, en el lugar donde estaba antes, eso me dio unos cuantos escalofríos sentí algo muy difícil de explicar, estaba dibujado de tal manera que yo era… era hermoso. Ella vio belleza en mí, lo sé por lo que trasmitía cada trazo, con tanta fuerza, tan… real.

Creo que jamás nadie me vio de esa forma y sentí cierto calor y electricidad corriendo por mi cuerpo, dándome un placer y un dolor infinito. Giré la hoja y me encontré otra vez, otro día, caminando; Dibujado con la misma pasión, y me vi en ese cuaderno una y otra vez, cada espacio ocupado con mi ser, mi soledad. Y encontré sensaciones que jamás había tenido. Y me di cuenta de que era alguien, al menos para ella. De hecho era más alguien para ella que para mí. Y esto me puso tan feliz y me produjo tanto odio y comencé a preguntarme por qué, por qué lo hice, por qué así, por qué ese día, por qué a ella.  Estuvo todo el tiempo, sus dibujos relataban meses de mi vida, mi aburrida y rutinaria vida sin sentido. Ella contó la historia del hombre invisible y yo le dije que se callara. Y automáticamente volví a ser nadie.

Clara.González.Casella

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